martes, 31 de octubre de 2017

Museo virtual e itinerante de la Gaita en la Argentina Manuel Carral Lopez

Hace unos años despertó en mi la preocupación por la perdida del patrimonio material de la artesanía de gaitas en la Argentina, y la poca valoración que tienen a veces aquellos grandes maestros que construían sus propias gaitas.
Fue por ello que comencé a atesorar poco a poco cada gaita, pieza palleta o pallón que encontrara con el objeto que ese patrimonio no se pierda, y a la vez poner en valor la obra de verdaderos genios.
Gracias a un verdadero valedor de los sonidos antiguos y que sabe valorar a los vellos gasiteiros como Gabriel Gustavo Deus, es que conocí la historia de Don Manuel, que resulto ser abuelo Andrea Cobas,e una lingüista a quien aprecio y admiro
Por diversas cuestiones el destino no permitió que nos reuniéramos con Don Manuel como ambos hubiésemos querido, pero la fortuna y la generosidad de su familia me legaron parte de su trabajo haciendo que esas dos generaciones de artesanos se juntaran.
Todo el material reunido en mi obradoiro, no pone en valor esas obras, ni difunde el trabajo de estos maestros. Es por ello que decidí formar un museo virtual, e itinerante de la gaita en la argentina que pre presentaremos en Vedra este Sábado.
El nombre elegido para esta muestra de instrumentos galegos es el de “Manuel Carral Lopez”
Aquí les presento una síntesis de su historia.
O Gaiteiro de Rodeiro.


Manuel Plácido Carral López nació en la aldea de Paredes de Álceme, Rodeiro, Pontevedra el 20 de junio de 1926. Fue el segundo de nueve hermanos, al igual que su padre se dedico a la carpintería desde su niñez. Según su propio relato construyo su primera gaita a los 9 años usando “un Ferro quente” para furar a madeira.
Siempre decía que aprendió a tocar la gaita de oído, no tuvo estudios musicales formales, a pesar de ello formo junto a dos de sus hermanos y un par de vecinos el conxunto “Os Combas” en el que Don manuel ejecutaba la gaita.
Tras dos años en África cumpliendo con la Mili casó en 1949 y en 1952 emigra a Buenos Aires, instalándose originariamente en la localidad de Avellaneda. Al poco tiempo de su llegada fue contratado como carpintero por la prestigiosa joyería Escasany ,ubicada en Rivadavia al 600, donde trabajo varios años hasta que pudo montar su propio taller.
En su taller Don Manuel se dedico a la ebanistería, construía finos muebles de estilo con tallas que el mismo hacia de manera totalmente manual, de hecho era un artista y maestro en el manejo de la gubia.
En la casa siempre hubo una gaita colgada en una pared y para las fiestas Don manuel la bajaba y tocaba con ella. No estaba construida por el y en la familia la llamaban “A gaita de Román”. La última vez que la ejecuto fue en ocasión del bautismo de su nieta Andrea en 1977.
Durante muchos años no toco la gaita, cerca del año 2000 tomo nuevamente aquella gaita de la pared y comenzó a repararla, parece ser que esto despertó en Don Manuel el deseo por construir mas gaitas y comenzó a fabricar piezas en un torno que el mismo construyo.
Mas allá de producir Roncos ronquetas y punteiros Don Manuel fabricó palletas y realizo interesantes ensayos con respecto a los pallones partiendo de los de caña hasta unos prototipos de cuerpo de madera y lengüeta metálica.
En el año 2008 fallece su esposa, y Don Manuel comienza a dedicarle cada vez mas tiempo a su obradoiro. Arregló muchísimas y fabrico muchas gaitas que aun siguen sonando en la quinta provincia.
Su buen hacer era absolutamente propio ya que sus ensayos, y modelos no siguen los patrones actuales, acercándose mucho al de Os Vellos Gaiteiros anteriores a la Guerra Civil. Los primeros punteiros los realizaba en Si Bemol, luego a pedido de sus clientes comenzó a experimentar con los de Do.
En el último tiempo recién obtuvo un afinador electrónico buscando el timbre y la afinación de las gaitas actuales. Sus herramientas hechas a mano cada vez eran mas precisas.
Desde el 2000 Don Manuel practicaba a diario las melodías que estudiaba de oído, las fiestas familiares siempre estaban acompañadas de su gaita, que hoy permanece callada y su familia extraña tanto como su bondad.


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