domingo, 26 de julio de 2009

Beatriz Rodríguez Da Costa y familia "volvieron" a Galicia


Mis padres: Vicente Rodríguez Pérez  (Villar de Ordelles) y Blanca Da Costa Cardoso (Rebordiños)

Una hermana de mi padre (Josefa) con mis hijos y mi primo.

La antigua entrada a la "cuadra" de la casa de mi padre con mis hijos y mi primo.

El hórreo que hizo construir mi bisabuelo, a su llegada de la Argentina, cuando mi padre y sus hermanas eran muy pequeños (según cuentan, en aquel tiempo era uno de los pocos que había en el pueblo).

la casa de mi madre (remodelada) en el pueblo de Rebordiños, con mi prima

la fuente donde lavaban la ropa que construyó mi abuelo

Otra hermana de mi padre (María) y la esposa de mi primo Joaquín.

sábado, 25 de julio de 2009

Santiago Apóstol





Camino de Santiago







LOS GALLEGOS EN LA ARGENTINA

ALBERTO VILANOVA RODRÍGUEZ

Prólogo de Claudio Sánchez-Albornoz y Menduiña

BUENOS AIRES, EDICIONES GALICIA, 1966, Rústica, 22cm x 14cm, 1468 pp (en 2 volúmenes)

Sinopsis:

Un trabajo de erudición de rebusca en archivos y bibliotecas, de información personal y sorprendente, forma el contenido de estos dos tomos. Los hijos de las provincias gallegas llegan al país desde el primer día de la conquista, pasan o quedan en él para siempre. La huella de su pie, el producto de su inteligencia, los rasgos de su trabajo, son los que señalan en estas páginas con detalles curiosos que llamarán la atención a muchos lectores. Guerreros, fundadores de pueblos, sacerdotes, profesionales, periodistas, poetas, van en camino de igualdad con los trabajadores del campo y de la ciudad creadores de una de las fuerzas nutricias de nuestro pueblo. "América –dice su prologuista- los vio llegar alegres. La fecundaron incluso después de que los criollos se independizaron y fundaron veinte repúblicas", durante siglos, en el tiempo de la colonia, en el tiempo de la revolución y en el tiempo de la independencia. Los gallegos se han incorporado a la vida argentina y era "necesario hacer la historia de la colonización galaica en América" varias veces intentada o escrita en partes fragmentadas. Ésta de ahora parece contener lo substancial de esa historia honrosa, de donde saldrán miles de noticias, gratas para otros tantos hogares arraigados en el territorio, desde Jujuy a Tierra del Fuego. El primer gallego ilustre que se trata en esta obra, sin hacer mayor caso a la cronología, es don Manuel Castro López, precursor de los estudios galaico-argentinos, autor de una serie de ensayos biográficos y de artículos polémicos de donde surgió claramente el enorme valor de la colonia gallega en nuestro país. La obra llevada a cabo por Vilanova Rodríguez continúa y amplía la iniciada por Castro López, y en alguna manera sirve para esclarecer puntos especiales de nuestra propia historia. Son muchos los prohombres argentinos que tienen vinculación racial con Galicia y aquí se sigue la línea de sus ascendientes en forma que tanto mérito alcanza a los padres como a los hijos. El segundo tomo está dedicado íntegramente a los gallegos llegados a la Argentina durante la segunda mitad del siglo pasado. Fue cuando vinieron especialmente los hombres y las mujeres que emigraban para hallar en nuevas tierras paz y trabajo. "El gallego –apunta justamente el autor- hombre de recia voluntad al que nada le arreda elige la vía de la evasión2 y se "lanza con preferencia a la Argentina", a tal punto que existen quienes llaman a Buenos Aires "la ciudad gallega más grande del mundo" aludiendo a los 450 000, o más, gallegos establecidos en la capital argentina, sin contar a los que residen en los demás lugares del país.

jueves, 23 de julio de 2009

martes, 14 de julio de 2009

DIALOGO CON CELIA SALA DAVIES

A pocos días de publicar su nuevo poemario, Trenelensas, poemas y semblanzas para mi pueblo natal, Celia Sala Davies habló acerca de esta obra sobre la inmigración italiana.

- ¿Cuándo empezó a difundir sus poemas?
- Cuando elegí mi carrera, busqué una carrera de acción; no estudié Letras. Pero escribía. Hace unos años vi en el diario el aviso de un taller de la SADE, coordinado por Cecilia Glanzmann. Como ella me dijo que podía concursar con mi primer poema, pensé dónde enviarlo. Nosotros tenemos el Eisteddfod; concursar allí es parte de nuestras vidas, es un deber. Lo envié. En esa oportunidad habían participado ciento veinte poetas; el jurado era de Buenos Aires. Allí me distinguieron con la segunda Mención, por la “Leyenda del Gualicho”. Fue una agradable sorpresa para mí y para todos los compañeros del Taller y mucho más para Cecilia.
- ¿Cómo armó este libro? 
- Escribí los poemas, y luego las semblanzas. Lo armé como una abuela que cuenta un cuento. 
- Trenelensas fue presentado en su ciudad natal, el 18 de octubre de 2006. ¿Nos hablaría sobre ese evento?
-El libro fue presentado el 18 de octubre de 2006 –aunque el aniversario de la fundación es el 20-, en el Salón Comunal de Trenel junto con el libro del Centenario, un DVD con la historia del pueblo y la canción del Centenario. Estaba repleto. Trenel es un pueblo de 3000 habitantes, no acostumbrado a eventos específicamente literarios. Hay un grupo de escritores que presenta uno o dos libros por año. Había público de todas las edades, desde un bebé hasta una anciana de noventa y un años, amiga de mi madre. Vino con su hermana de noventa, que viajó especialmente desde Buenos Aires para la ocasión.
El miércoles se hizo la presentación; el viernes, el acto al que asistieron el Presidente y el Gobernador a la mañana y el desfile de carrozas y los fuegos artificiales por la noche; el sábado, hubo un concierto y el domingo, un festejo continuado, para quienes no habían podido asistir los días anteriores. El domingo, en la Misa de los Difuntos, presenté como ofrenda mi libro bendecido. La misa fue en honor a los fundadores –yo soy nieta de fundadores-, y fue celebrada por sacerdotes nacidos en el pueblo. Al mediodía se hizo un almuerzo caliente para 4.000 comensales en una carpa que se extendía desde una calle a otra, en la cancha de fútbol del estadio municipal. Todos los festejos se desarrollaron con una organización impecable por parte de una comisión integrada por gente del pueblo con vocación de servicio.
-¿Cuándo llegó su abuelo?
-Mi abuelo, piamontés, llegó en 1906. Sólo había pasto puna y avestruces. Los europeos le dicen avestruz al ñandú, porque ellos lo asociaban con el animal que conocían; no se fijaban si la pata era distinta. Se da como fecha de fundación el 20 de octubre, porque ese día llegó el primer tren con insumos y materiales. 
- ¿Entonces, no había edificios?
- Sólo había dos edificios: la estación de tren y una casa, la de Juan Berisso. Antonio Devoto y Berisso habían hecho una sociedad: Devoto aportó capital pero se quedó en Buenos Aires; Berisso vivió allá y le arrendó los campos a los colonos.
- ¿Qué oficio tenía su abuelo?
- Mi abuelo era carpintero, pero trabajó en la panadería que había puesto con su hermano. Seguramente las puertas y ventanas del local las hizo él. Lo primero que hicieron al llegar, fue armar una carpa e instalar el molino. Viviendo en la carpa, edificaron el negocio. Luego, fueron creciendo, hasta tener huerta, frutales, y elaborar vino.
- ¿Cómo presentó su libro?
- Describí la tapa y expliqué el motivo de su construcción, luego recité dos poemas, el del Centenario y Pampa Gringa, que ya había sido recitado en el 90° Aniversario de Trenel. 
-¿Alguna vez pensó que se iba a ver en esa situación?
- No. Fue una sorpresa. Si alguien me hubiera dicho que le iba a entregar un libro de poemas al Presidente, y enfrente de mi casa de infancia, habría dicho “Imposible”.